Editorial 30 de septiembre
El Sucot. Habitar en lo frágil y confiar en Adonai
Durante siete días, muchas familias judías dejaron la comodidad de sus hogares para reunirse en una construcción sencilla y temporal: la sucá. Acaba de concluir Sucot, una de las grandes fiestas bíblicas de Israel, y permanece su mensaje: agradecer lo recibido, reconocer la fragilidad de nuestras seguridades y recordar que la verdadera confianza no descansa solamente en aquello que podemos construir con nuestras manos.
Familias judías celebran Sucot reunidas en la sucá, una morada temporal que recuerda la travesía de Israel por el desierto e invita a agradecer y renovar la confianza en Adonai.
El pueblo judío acaba de celebrar Sucot, conocida también como la Fiesta
de los Tabernáculos. Este año comenzó al atardecer del 25 de septiembre y
concluyó el 2 de octubre. Es una de las tres antiguas fiestas de peregrinación
en las que, en tiempos del Templo, los israelitas acudían a Jerusalén.
Sucot recuerda los cuarenta años durante los cuales
el pueblo de Israel caminó por el desierto después de salir de Egipto, viviendo
en moradas temporales y dependiendo de la protección de Adonai. También está
vinculada con la cosecha y con el agradecimiento por los frutos recibidos.
Por eso reúne dos sentimientos que parecen
distintos, pero se complementan: fragilidad
y alegría.
La
sucá: una casa que no pretende ser permanente
El elemento más característico de la celebración es
la sucá, una cabaña temporal que
se levanta al aire libre. Durante la festividad las familias comen allí,
reciben amigos y, en algunos casos, incluso duermen en ella.
Su sencillez tiene un profundo significado. Durante
unos días, las personas abandonan simbólicamente la seguridad de su casa y
entran en una construcción vulnerable. Así recuerdan que las posesiones, el
dinero y las comodidades son importantes, pero no garantizan por sí solos
nuestra seguridad.
También forman parte de la tradición las llamadas cuatro especies: el lulav —rama
de palmera—, el mirto, el sauce y el etrog, un fruto cítrico. Juntas son
utilizadas durante las oraciones y expresan, entre otros significados
tradicionales, la unidad del pueblo.
Una
fiesta de gran alegría
Sucot no es una celebración triste. Todo lo
contrario. La Biblia la presenta como un tiempo de alegría. Las sucot se
decoran, las familias comparten alimentos y se recibe a familiares, amigos y
visitantes. Después de los días solemnes de Rosh Hashaná y Yom Kipur, llega el
momento de agradecer.
El recorrido espiritual de las fiestas de Tishrei
parece así completarse: primero examinamos nuestra vida, después buscamos el
perdón y, finalmente, volvemos a celebrar con gratitud.
También
para los cristianos
Sucot posee además un significado especial para muchos
cristianos amigos de Israel. Cada año, creyentes de numerosos países, no solo
lo celebran en sus congregaciones, sino que viajan a Jerusalén durante estas
fechas para participar en celebraciones relacionadas con la Fiesta de los
Tabernáculos.
La razón tiene profundas raíces bíblicas. Sucot
recuerda la presencia y provisión de Adonai durante el desierto y expresa
esperanza, confianza y gratitud, valores plenamente compartidos por la
tradición judeocristiana.
Reflexión
final
Las sucot comienzan ahora a desmontarse. Las
familias regresan a sus casas y la vida cotidiana continúa. Pero quizá allí
esté precisamente la enseñanza que permanece.
Durante unos días, una construcción frágil nos
recuerda que ninguna seguridad humana es absoluta. Y cuando finalmente regresamos
a nuestras casas, podemos hacerlo comprendiendo mejor el valor de lo que
tenemos, agradeciendo lo recibido y recordando que la verdadera fortaleza no
siempre está en los muros que nos rodean.