Rosh Jodesh Shevat Un décimo mes
Shevat שְׁבָט
Un décimo mes Bíblico
Por: Patricia Zamora
Shevat (שְׁבָט) es el mes undécimo del calendario bíblico (Éxodo 12:2) y el quinto del calendario civil judío. Su nombre aparece de forma explícita en la Escritura, lo que le otorga un peso espiritual particular. La Torá registra un momento clave ocurrido en este mes:
“En el año cuarenta, en el mes undécimo, en el primero del mes, habló Moisés a los hijos de Israel.” (Devarim / Deuteronomio 1:3)
Shevat suele caer entre enero y febrero, un tiempo de transición. Aunque el invierno aún se hace sentir, en la tierra de Israel la savia comienza a ascender en los árboles, anunciando vida y renovación aun cuando no es visible.
Durante Shevat ocurre uno de los acontecimientos más significativos de la historia bíblica:
Moisés comienza a explicar la Torá. Poco antes de su muerte, inicia el discurso que dará origen al libro de Devarim (Deuteronomio). No se trata de una nueva revelación, sino de una Torá explicada, interiorizada y aplicada a la vida diaria. Este momento marca un cambio espiritual profundo: el pueblo pasa de solo recibir instrucciones a comprender el corazón de la instrucción. Por eso, Shevat se asocia con madurez espiritual y responsabilidad personal.
En este mismo mes se celebra Tu BiShevat, el Año Nuevo de los Árboles (ט״ו בשבט), establecido en la Mishná como referencia para el ciclo de los árboles frutales (Levítico 19:23–25). Aunque externamente los árboles parecen dormidos, la vida ya se está moviendo en lo oculto. Este principio es central para comprender la esencia de Shevat.
Por ello, Shevat es conocido como el mes de las raíces. Así como el árbol recibe fuerza desde lo profundo antes de dar fruto en lo visible, este mes nos habla de procesos internos, sanidad del corazón y fundamentos correctos. Tal como expresa la Escritura:
“Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto a su tiempo.” (Salmos 1:3)
Aunque aparentemente no sucede nada, todo lo esencial está siendo preparado.
Shevat también nos confronta con el paso de la palabra hablada a la palabra vivida. Moisés no solo habló; explicó. Esto nos lleva a una pregunta clave:
¿Solo escuchamos la Palabra o la estamos comprendiendo y viviendo?
Desde una perspectiva bíblica, Yeshúa enseñó de la misma manera: no solo transmitiendo mandamientos, sino revelando el espíritu del Reino (Mateo 5–7).
Para nuestra generación, marcada por la prisa, la superficialidad y la búsqueda de resultados inmediatos, Shevat nos recuerda que los procesos profundos requieren tiempo. Hoy, este mes nos llama a volver a las raíces, revisar fundamentos espirituales, cuidar lo invisible y preparar el fruto futuro.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento.” (Romanos 12:2)
Shevat no es un mes de exhibición, sino de alineación interior.
Como enseñanza final para nuestra Kehilá y las naciones, Shevat nos revela que Adonai obra primero en lo oculto antes de manifestarse en lo visible. Es un tiempo en el que el Eterno fortalece raíces, sanas memorias y ajusta propósitos, para que cuando llegue el momento, el fruto sea sano, duradero y de bendición para muchos.
“Yo soy la vid verdadera… el que permanece en Mí, y Yo en él, éste lleva mucho fruto.”
(Juan 15:1,5)
Que este mes de Shevat sea un tiempo de raíces profundas, entendimiento renovado y fruto que glorifique al Eterno.
Jodesh Tov!!
Shevat (שְׁבָט) es el mes undécimo del calendario bíblico (Éxodo 12:2) y el quinto del calendario civil judío. Su nombre aparece de forma explícita en la Escritura, lo que le otorga un peso espiritual particular. La Torá registra un momento clave ocurrido en este mes:
“En el año cuarenta, en el mes undécimo, en el primero del mes, habló Moisés a los hijos de Israel.” (Devarim / Deuteronomio 1:3)
Shevat suele caer entre enero y febrero, un tiempo de transición. Aunque el invierno aún se hace sentir, en la tierra de Israel la savia comienza a ascender en los árboles, anunciando vida y renovación aun cuando no es visible.
Durante Shevat ocurre uno de los acontecimientos más significativos de la historia bíblica:
Moisés comienza a explicar la Torá. Poco antes de su muerte, inicia el discurso que dará origen al libro de Devarim (Deuteronomio). No se trata de una nueva revelación, sino de una Torá explicada, interiorizada y aplicada a la vida diaria. Este momento marca un cambio espiritual profundo: el pueblo pasa de solo recibir instrucciones a comprender el corazón de la instrucción. Por eso, Shevat se asocia con madurez espiritual y responsabilidad personal.
En este mismo mes se celebra Tu BiShevat, el Año Nuevo de los Árboles (ט״ו בשבט), establecido en la Mishná como referencia para el ciclo de los árboles frutales (Levítico 19:23–25). Aunque externamente los árboles parecen dormidos, la vida ya se está moviendo en lo oculto. Este principio es central para comprender la esencia de Shevat.
Por ello, Shevat es conocido como el mes de las raíces. Así como el árbol recibe fuerza desde lo profundo antes de dar fruto en lo visible, este mes nos habla de procesos internos, sanidad del corazón y fundamentos correctos. Tal como expresa la Escritura:
“Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto a su tiempo.” (Salmos 1:3)
Aunque aparentemente no sucede nada, todo lo esencial está siendo preparado.
Shevat también nos confronta con el paso de la palabra hablada a la palabra vivida. Moisés no solo habló; explicó. Esto nos lleva a una pregunta clave:
¿Solo escuchamos la Palabra o la estamos comprendiendo y viviendo?
Desde una perspectiva bíblica, Yeshúa enseñó de la misma manera: no solo transmitiendo mandamientos, sino revelando el espíritu del Reino (Mateo 5–7).
Para nuestra generación, marcada por la prisa, la superficialidad y la búsqueda de resultados inmediatos, Shevat nos recuerda que los procesos profundos requieren tiempo. Hoy, este mes nos llama a volver a las raíces, revisar fundamentos espirituales, cuidar lo invisible y preparar el fruto futuro.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento.” (Romanos 12:2)
Shevat no es un mes de exhibición, sino de alineación interior.
Como enseñanza final para nuestra Kehilá y las naciones, Shevat nos revela que Adonai obra primero en lo oculto antes de manifestarse en lo visible. Es un tiempo en el que el Eterno fortalece raíces, sanas memorias y ajusta propósitos, para que cuando llegue el momento, el fruto sea sano, duradero y de bendición para muchos.
“Yo soy la vid verdadera… el que permanece en Mí, y Yo en él, éste lleva mucho fruto.”
(Juan 15:1,5)
Que este mes de Shevat sea un tiempo de raíces profundas, entendimiento renovado y fruto que glorifique al Eterno.
Jodesh Tov!!
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