Pro Zion Ene 2025

 

Shalom a todos, 

En este boletín y en los siguientes, trataré de explicar cómo se ha podido relativizar lo sucedido el 7 de octubre (una declaración de guerra), donde se cometieron actos monstruosos, de gran odio y vileza, actos inconcebibles por seres humanos, actos envueltos en la bandera de la justicia social y los derechos humanos. 

¿Cómo se puede justificar una acción con la otra, cuando ambas se excluyen? es una paradoja. ¿Cómo ha podido Hamas minimizar sus atrocidades y ganar simpatía en la comunidad internacional? ¿Cómo se puede acusar al Estado de Israel de ser un Estado apartheid? 

En esta ocasión, hablaremos de la DEI (Diversidad, igualdad e inclusión), el BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) y (SJP) Estudiantes por la justicia en Palestina, de sus orígenes y sus fundadores. 
El éxito de Hamas y los movimientos palestinos en la guerra mediática no ha sido de ninguna manera algo al azar. Ha sido un trabajo de años para justificar el odio a los judíos y a su Estado. La izquierda, adoptó como bandera al Movimiento DEI (Diversity, Equality and Inclusion) después de la caída del Muro de Berlín y la URSS. Los movimientos #BlackLivesMatter y #MeToo que estallaron en las redes en 2013 y 2017 respectivamente, encajaban perfectamente con el ideal de equidad y justicia social deseado. 

Sin embargo, lo que comenzó como una plataforma para dar voz a grupos marginados de la comunidad afroamericana y denunciar el acoso y las agresiones sexuales de muchas mujeres llevadas a cabo por figuras públicas de autoridad, en poco tiempo derivó en la definición por la DEI  “del capitalismo y las corporaciones como “racistas”, y a cualquier resultado con base en méritos como discriminatorio” (Cherem, 2024). 

En la cultura woke, la igualdad, el respeto y la tolerancia no son para todos. Y es en esta misma cultura, en este movimiento político progresista, que se prepara la ensalada en donde se mezclan “las políticas identitarias de las mujeres, las comunidades afroamericana y LGTB+ así como una postura política a favor de determinados grupos: los negros, los indígenas, las mujeres y la comunidad gay en franca oposición y discriminación a los otros considerados “opresores”, “colonizadores”, “capitalistas” y “racistas”. Entiéndase por ello: los judíos” (Cherem, 2024). 

¿Cómo se pudo dar esta polaridad? En donde no se puede ser feminista o proafroamericano y sionista o projudío al mismo tiempo. ¿Cómo es posible que movimientos tan opuestos estén en el mismo saco? ¿Cómo es que los miembros del LGTB+ defiendan a una organización terrorista que los mataría precisamente por sus preferencias sexuales, que no tiene respeto por otras razas y religiones? A estos movimientos se le sumó el BDS del cuál hablaremos más adelante. 

Yomara Krepostman 
Directora Pro Zion